Hace una semana me llamó el secretario de un famoso director de cine, y me propuso realizar una audición para una película nueva que va a sacar. Me puse muy nerviosa porque aunque ya antes he aparecido en diversas películas, series y anuncios, siempre hacía de extra y nunca antes lo había hecho con un director tan conocido como él. Además, todos sus trabajos se conocen por todo el mundo y los actores con los que trabaja aumentan su fama muy rápidamente. Casi me caigo de la silla cuando me hizo esta gran propuesta y dijo el nombre de Albert Hitchcock. No pude decir otra cosa que no fuera un sí, y bien alto que lo dije. Aunque estaba muy feliz, no podía hacerme demasiadas ilusiones porque todavía no me había elegido para participar en esa película, solo me lo había propuesto y yo me tendría que presentar al casting, y luego ya se vería lo que el director eligiera. Aunque estaba casi segura de que me elegiría, pues muy mal tendría que hacerlo para no gustarle. El secretario ya tenía todos mis datos así que no tuvo que pedirme nada, solo tuvo que darme mi número, el 106, y decirme la hora a la que las audiciones comenzarían: las ocho de la mañana, bien temprano. Yo ya sabía cómo iba esto del casting y normalmente cada persona tarda dos minutos mínimo en representar lo que tiene hacer a no ser que lo haga tan mal que le echen antes de que ese tiempo acabe. Hice los cálculos y me salió que tenía que llegar allí sobre las nueve y media para ir con tiempo y no estresarme si había algún problema.
Las audiciones se realizaban en el "Teatro Nuevo Apolo". Cuando me lo dijeron me fastidió un poco porque aunque no esté lejos de donde vivo tengo que coger el metro y a esas horas de la mañana, un día entre semana, el metro es el transporte que más gente coge para ir a trabajar, y encima hay gente que parece que no se ducha y que no huele especialmente bien. "Bueno, creo que tengo que ser más positiva", me dije y es verdad, debería ser más positiva, pero ese no es mi punto fuerte.
La noche antes del miércoles, que es cuando se realizaba el casting, casi no dormí por los malditos nervios. Siempre me pasa lo mismo, debería haberme tomado una valeriana sabiendo lo que iba a pasar. De desayuno tomé lo de todos los días, leche desnatada sin lactosa con colacao, una tostada con jamón y aceite y la pieza de fruta que nunca puede faltar; en este caso, una mandarina no muy grande. Me puse ropa cómoda porque nunca se sabe que te pueden pedir en este tipo de
audiciones. Cuando me fui a lavar después de vestirme, me miré al espejo y no me podía creer lo que estaba viendo: tenía unas ojeras casi más grandes que mi cara. Me eché veinte kilos de maquillaje para intentar disimular lo que tenía en el rostro y casi consigo que no se notara pero no lo conseguí del todo. Salí de casa sobre la ocho y media para llegar a mi destino a tiempo. Para llegar a la estación de metro tuve que atravesar un parque en el que siempre suele haber perros jugueteando entre ellos. Me gusta verlos jugar, por eso pasé por allí, aunque no fue una buena idea porque nada más poner un pie en el césped, pisé una mierda, no me lo podía creer, estaba flipando. Seguí mi camino sin darle mucha importancia a lo que acababa de pasar. Cuando llegué al metro, bajé las escaleras muy despacio y con cuidado porque después del día que llevaba me esperaba que me pasara cualquier cosa. Llegué al vagón sana y salva, aunque había demasiada gente, como de costumbre. Al llevar ya varios minutos allí dentro, noté un olor que no era agradable, pensé que sería cualquier persona de las que estaban allí, pero no, me di cuenta de que la gente me miraba, era yo, al pisar la mierda de perro, me había manchado el pantalón y no veas como olía eso, por favor, apestaba. El día no podía irme peor, solo esperaba que la mala suerte se me hubiera agotado ya y que durante la audición todo saliera bien. Salí del vagón, subí las escaleras que conducían a la calle y me dirigí al teatro en el que me esperaban, a mí y a muchos otros artistas. Crucé la calle y vi una enorme fila de gente que tenía pegatinas con números en la parte delantera de sus camisetas, hablaban entre ellos y me fijé en que ninguno estaba en el orden en el que su nombre estaba escrito. Fui a preguntar a una de las chicas que estaba esperando y le pregunté. Me dijo que las representaciones no iban por orden según el número que te tocaba, sino que iban en orden según llegabas. Me quedé muy sorprendida porque normalmente, cuando hago este tipo de audiciones, el orden es según el número que te toca. Me molestó un poco pero no importó porque me puse a charlar con una chica que estaba justo delante de mí y parecía muy simpática. Estuvimos hablando y conociéndonos un poco hasta que llegó su novio, que también participaba. Empezaron a besarse y me dejaron un poco apartada durante un par de minutos, luego se dieron cuenta de que estaba allí plantada y empezamos a hablar entre los tres. La verdad es que fue muy divertido. Pasaron tres horas y finalmente llegó nuestro turno.
audiciones. Cuando me fui a lavar después de vestirme, me miré al espejo y no me podía creer lo que estaba viendo: tenía unas ojeras casi más grandes que mi cara. Me eché veinte kilos de maquillaje para intentar disimular lo que tenía en el rostro y casi consigo que no se notara pero no lo conseguí del todo. Salí de casa sobre la ocho y media para llegar a mi destino a tiempo. Para llegar a la estación de metro tuve que atravesar un parque en el que siempre suele haber perros jugueteando entre ellos. Me gusta verlos jugar, por eso pasé por allí, aunque no fue una buena idea porque nada más poner un pie en el césped, pisé una mierda, no me lo podía creer, estaba flipando. Seguí mi camino sin darle mucha importancia a lo que acababa de pasar. Cuando llegué al metro, bajé las escaleras muy despacio y con cuidado porque después del día que llevaba me esperaba que me pasara cualquier cosa. Llegué al vagón sana y salva, aunque había demasiada gente, como de costumbre. Al llevar ya varios minutos allí dentro, noté un olor que no era agradable, pensé que sería cualquier persona de las que estaban allí, pero no, me di cuenta de que la gente me miraba, era yo, al pisar la mierda de perro, me había manchado el pantalón y no veas como olía eso, por favor, apestaba. El día no podía irme peor, solo esperaba que la mala suerte se me hubiera agotado ya y que durante la audición todo saliera bien. Salí del vagón, subí las escaleras que conducían a la calle y me dirigí al teatro en el que me esperaban, a mí y a muchos otros artistas. Crucé la calle y vi una enorme fila de gente que tenía pegatinas con números en la parte delantera de sus camisetas, hablaban entre ellos y me fijé en que ninguno estaba en el orden en el que su nombre estaba escrito. Fui a preguntar a una de las chicas que estaba esperando y le pregunté. Me dijo que las representaciones no iban por orden según el número que te tocaba, sino que iban en orden según llegabas. Me quedé muy sorprendida porque normalmente, cuando hago este tipo de audiciones, el orden es según el número que te toca. Me molestó un poco pero no importó porque me puse a charlar con una chica que estaba justo delante de mí y parecía muy simpática. Estuvimos hablando y conociéndonos un poco hasta que llegó su novio, que también participaba. Empezaron a besarse y me dejaron un poco apartada durante un par de minutos, luego se dieron cuenta de que estaba allí plantada y empezamos a hablar entre los tres. La verdad es que fue muy divertido. Pasaron tres horas y finalmente llegó nuestro turno.
Entré yo sola y delante de mi había tres personas que parecían majas pero que estaban demasiado serias. Representé el papel que me dijeron, ya me sabía el texto perfectamente de memoria y estaba muy confiada, hasta que de repente, no sé por qué, me salió un eructo sin quererlo. La personas empezaron a reírse pero yo seguí improvisando e inventándome el texto. Pasé mucha vergüenza. Al salir de allí me encontré con Eva y Jorge, los chicos que había conocido antes de entrar, nos fuimos a tomar algo a una panadería que hay justo al lado y les conté lo que me pasó en medio de la actuación. Se rieron en mi cara y no podían parar, me pegaron la risa y todo el mundo que estaba allí comiendo nos miraba raro. No conocía a Jorge y a Eva de nada pero nos llevamos tan bien que nos intercambiamos los números de teléfono para poder seguir en contacto.
Una semana después, me llamaron para decirme que había conseguido el papel, bueno, no el papel por el que me presenté sino otro con un poco más de humor. No me lo podía creer.
ResponderEliminarComo texto narrativo está bien. Faltan características del movimiento realista.
Revisa los cambios que te anoto en rojo.